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Dr. Julio Cesar Mora.

Egresado de la Facultad de Odontologia de la Universidad de Carabobo.

Ciudad de Valencia-Estado Carabobo.

Febrero 2.001.

julio@odontologica.8k.com

 

 

 

 

EL HIPOCLORITO DE SODIO EN ENDODONCIA

 

 

            La eliminación de la pulpa viva no es un procedimiento quirúrgico exacto. La pulpa no puede ser cortada tan limpiamente como con un escalpelo; en realidad es desgarrada. Puede partirse en el ápice o a alguna distancia de él, o puede ser desgarrada por el instrumento. Los defensores de la técnica en una visita asumen el riesgo de que el material de obturación haga presión sobre un remanente vital del tejido, lo cual será una experiencia muy dolorosa para el paciente.

 

 

            El problema de la remoción completa de la pulpa se complica aún más por la anatomía y morfología del conducto radicular y la posición de los agujeros apicales, que a veces se abren por fuera del ápice, y a veces, a cierta distancia de él. Además, existen conductillos accesorios, generalmente no visibles sino hasta que queda obturado el conducto. Nadie puede adjudicarse una habilidad especial cuando esto ocurre; la obturación del accesorio es puramente casual y nada más.

 

 

            Es imposible eliminar el tejido de los agujeros accesorios. Cuando por casualidad el material de obturación es forzado a través de estos orificios el tejido pulpar es empujado hacia el ligamento periodontal y, a menudo, el resultado es un diente muy sensible. Si persistiera esta situación más allá de lo razonable, habría que pensar en realizar una apicectomía.

 

 

 

            Irrigación del conducto.

 

 

 

            Durante el proceso de remoción del tejido e instrumentación, el medio más eficaz de controlar la hemorragia y lavar los residuos es la irrigación a intervalos frecuentes. Además, se suele contar con la irrigación para la esterilización final del conducto.

 

 

            No existen pruebas de la eficacia de la esterilización por la irrigación, salvo la que muestra la colección de residuos sobre un pedazo de gasa. Cuando se emplea un medio de contraste como solución para irrigación (Renografin-60), valiéndose de una aguja calibre  25 de la manera acostumbrada, la solución no llega a penetrar ni la  mitad o el tercio apical del conducto. En los dientes posteriores e inferiores esto sucede muy a menudo.

 

 

            Las soluciones para irrigación son bloqueadas por una columna de aire en el interior del conducto radicular, de modo que las soluciones no pueden alcanzar el área apical. Es improbable que esta parte del sea esterilizada alguna vez. Para ser eficaz, la irrigación debe comenzar casi a nivel del ápice. Es preciso ensanchar los conductos para permitir la inserción de una aguja calibre 30 hasta la proximidad del ápice. La columna de aire puede ser desplazada entonces por la solución (el dolor durante la irrigación a sido tradicionalmente atribuido a la solución que es forzada a través del ápice). En realidad, el dolor lo causa el aire desplazado. Es muy poco probable que se puede forzar un líquido a través de un orificio apical tan estrecho que su diámetro se mide en micras.

 

 

            Curaciones entre visitas.  Aunque todos los autores insisten en su importancia, la esterilización de los conductos radiculares sigue siendo una meta evasiva. Desde siempre y en toda bibliografía se ha dado por sentado que las irrigaciones alcanzan automáticamente al ápice. Se ha demostrado que no es así. Las sustancias químicas y los medicamentos, aconsejados con entusiasmo durante una época, a menudo no llegan a cumplir las promesas con las que fueron introducidas al mercado y pasan a la historia. Cada región geográfica parece tener su medicación favorita y sus partidario local.

 

 

            En uno de los textos de endodoncia se describe e ilustra un experimento en el que fueron instiladas gotas de Paraclorofenol alcanforado y Cresatina en el ojo de un conejo con efecto devastador sobre el tejido conjuntivo, lo cual sugiere una respuesta similar del tejido periapical. En verdad no estamos esterilizando tejido conjuntival; la comparación es falsa, causa confusión, además era previsible y se debería haber evitado al conejo la horrorosa tortura. En realidad, estamos tratando con las paredes de dentina del conducto radicular que no tienen semejanza alguna con el tejido blando conjuntival.

 

 

            Los aceites esenciales y sus derivados siguen siendo antisépticos de mayor confianza. El eugenol es tan potente como antiséptico como el fenol, y el paraclorofenol alcanforado tiene una ventaja adicional de una elevada tensión de vapor.

 

 

            Todos pueden aplicarse sin peligro sobre la dentina donde ejercen su acción antibacteriana.  Es buena practica humedecer una punta de papel con cualquiera de estos preparados y colocarlo en el conducto radicular sin llegar al ápice. El formocresol con su elevada tensión de vapor, es excelente. No es probable que algunos de estos medicamentos puede escapar de la punta del papel hacia el tejido periapical a través de un agujero apical en punta de alfiler y que allí provoque una respuesta inflamatoria aguda. Cuando ésta se produce, es más probable que sea el resultado del traumatismo operatorio y no de la medicación.

 

 

            Se ha demostrado que la irrigación, tal como se la practica, no es eficaz en la región superior del conducto radicular. Teóricamente cuando quedan selladas en un conducto radicular, los fármacos bactericidas de alta tensión de vapor podrían ser muy provechosos y útiles para esterilizar la dentina de esa región.

 

 

            El vapor de esas sustancias químicas se comporta como un gas cuyas moléculas están en constante movimiento. Como las paredes dentinales del conducto radicular contienen mucha humedad, las moléculas que golpean contra esa superficie entran en solución. Si se le da tiempo suficiente, se formará, en la superficie de la dentina, una película fina de medicamento que realiza así la esterilización.

 

 

 

            La irrigación es la introducción de una o más soluciones en la cámara pulpar y conductos radiculares y su posterior aspiración. Se trata de lograr una mejor acción de los antisépticos utilizados durante la instrumentación quirúrgica, pues ellos no actúan tan favorablemente en presencia de materia orgánica. No hay solución ideal, ya que ninguna solución es selectiva para los microorganismos e inocua para el tejido periapical.

 

 

            Si bien en el preclínico no se desarrollará esta técnica por los conceptos ya expuestos, su conocimiento es de fundamental importancia porque es un complemento en la preparación biomecánica del conducto.

            Objetivos.

 

 

            En líneas generales, los podemos dividir en:

 

 

 

1.      De acción mecánica:

 

a)      De arrastre: sirve para remover los restos de tejido vivo o necrótico del conducto, las virutas de dentina producida durante la instrumentación y para eliminar la mayor parte de los microorganismos.

b)      Por aumento de la eficacia del corte del instrumento: al mantener la humedad de las paredes dentinarias, aumenta la capacidad de corte de los instrumentos.

 

2.       De acción química sobre las paredes dentinarias:

 

 

Puede contribuir a la desinfección por su acción antiséptica; por disolvente de los restos inorgánicos; facilitar la adaptación de los materiales de obturación, y puede tener efectos blanqueantes.

 

 

 

            Propiedades.

 

 

            Las propiedades            que deben cumplir las soluciones irrigantes son las siguientes:

 

 

           

a)      Pequeño coeficiente de viscosidad.

 

b)      Baja tensión superficial.

 

c)       Ser disolvente o dispersante de las partículas sólidas o líquidas, orgánicas o inorgánicas de la cavidad pulpar.

 

d)      No ser irritantes para los tejidos periapicales.

 

e)      Ser estimulantes para la reparación de los tejidos.

 

f)        Ser neutralizantes para productos tóxicos microbianos o de degradación proteica.

 

g)      Ser germicida (o por lo menos no estimular el desarrollo microbiano).

 

h)      Favorecer la acción de los medicamentos o materiales obturadores. No colorear las estructuras dentinarias.

 

i)        Ser económico.

 

 

 

Soluciones más usadas.

 

 

            Hipoclorito de sodio al 0.5% ó al 2.5%, agua oxigenada 10 volúmenes (3%) y agua de cal.

 

            La solución de hipoclorito de sodio al 5% es de mayor capacidad para disolver los tejidos necróticos, pero es cáustica e irritante para los tejidos periapicales.

 

 

            La solución al 0,5% tiene las mismas posibilidades de ser irritante. El hipoclorito de sodio es el líquido irrigante más usado por las siguientes razones:

 

 

a)      Disuelve el tejido orgánico.

 

b)      Destruye microorganismos.

 

c)       Arrastra las virutas dentinarias.

 

d)      Lubrica el conducto.

 

e)      Posee acción blanqueante.

 

f)        Saponifica las grasas.

 

 

 

La solución de hipoclorito de sodio es inestable, por ello se recomienda su preparación periódica. El hipoclorito de sodio se puede combinar con agua oxigenada, con R. C. Prep. y con EDTA. El hipoclorito, al combinarse con agua oxigenada 10 volúmenes (3%), libera oxígeno, con lo que produce una efervescencia que ayuda a arrastrar los restos fuera del conducto. No se debe impulsar el hipoclorito hacia el tejido periapical porque ejerce sobre él una acción irritante.

 

 

            Cuando se emplea la asociación de hipoclorito con el agua oxigenada, el burbujeo ayuda a remover la sangre y los restos necróticos, evitando el cambio de coloración de la corona; se debe tratar de que el oxígeno libre producido no alcance la zona periapical, pues es lesivo y capaz de provocar enfisema.

 

 

            El agua oxigenada no debe ser nunca el último lavaje; siempre debe neutralizarse con hipoclorito o agua de cal. La combinación de hipoclorito con R. C. Prep. presenta mayor actividad antimicrobiana, con desprendimiento mucho más lento de oxígeno y burbujas más pequeñas, las que eliminan con más facilidad los restos orgánicos del conducto y mantienen más tiempo su acción debido a la presencia de glicerina como vehículo. En este caso, es necesario realizar mayor número de lavajes para eliminar los restos de R.C. Prep. que pudieran tener acción residual en el conducto.

 

 

            Al agua de cal se la recomienda para el lavado de dientes con pulpa vital, en ápices incompletamente desarrollados yen hemorragias difíciles de controlar. Por lo general se acostumbra hacer un último lavado con agua de cal, previo a la obturación, para alcalinizar el medio, cualquiera que haya sido la solución previamente empleada.

 

 

            Esta solución se prepara agregando (en la proporción de una cucharadita de café) hidróxido de calcio (polvo, pH 12,5 a 12,8) en medio litro de agua hervida o destilada.

 

 

            Técnica operatoria: utilizar una jeringa tipo Luer, con una aguja curvada de punta roma de calibre adecuado al caso. Se introduce por la entrada del conducto hasta el tercio apical, teniendo precaución de no obstruir la luz del conducto para permitir el reflujo de la solución para el lavaje, que debe ser aspirada.

 

 

            No debe olvidarse que es más importante para el arrastre mecánico el volumen del líquido empleado que el tipo de solución utilizada. El aumento de la presión del lavaje no incrementa su efectividad y puede forzar material a la zona periapical.

 

            Oportunidad para la irrigación.

 

 

a)      Antes de comenzar la instrumentación.

 

b)      Después de utilizar cada instrumento durante la preparación quirúrgica.

 

c)       Como etapa final antes de la obturación definitiva.

 

 

 

Observaciones:

 

 

            Al practicar el lavaje deberán tenerse en cuenta las siguientes consideraciones:

 

 

1.       No hay una solución ideal, ya que ninguna es selectiva para los microorganismos e inocua para el tejido periapical.

 

2.       En líneas generales, es más importante la acción de limpieza-arrastre que la capacidad de disolver los tejidos.

 

3.       Es más importante el volumen de líquido y la frecuencia empleada que el tipo de solución utilizada.

 

4.       La efectividad del lavaje está relacionada con su viscosidad.

 

5.       La efectividad también depende del ancho del conducto y del calibre de la aguja. Cuanto más cerca del ápice se está, hay más posibilidades de remover los detritus allí establecidos.

 

 

La irrigación de la cámara pulpar y de los conductos radiculares es una intervención necesaria durante toda la preparación de conductos y como último paso antes del sellado temporal u obturación definitiva.

 

 

Consiste en el lavado y aspiración de todos los restos y sustancias que puedan estar contenidos en la cámara o conductos y tiene cuatro objetivos:

 

1.       Limpieza o arrastre físico de trozos de pulpa esfacelada, sangre líquida o coagulada, virutas de dentina, polvo de cemento o cavit, plasma, exudados, restos alimenticios, medicación anterior, etc.

 

2.       Acción detergente y de lavado por la formación de espuma y burbujas de oxígeno naciente desprendido de los medicamentos usados.

 

3.       Acción blanqueante, debido a la presencia de oxígeno naciente, dejando el diente así tratado menos coloreado.

 

4.       Acción antiséptica o desinfectante propia de los fármacos empleados (frecuentemente se usan, alterándolos, el peróxido de hidrógeno y el hipoclorito de sodio).

 

 

 

Durante muchos años se han empleados dos líquidos irrigadores más conocidos: una solución de peróxido de hidrógeno al 3 % y otra solución acuosa de hipoclorito de sodio, del 1 al 5 %, y hay tendencia en la actualidad de emplear la del 1% por ser mejor tolerada y menos tóxica que la solución al 5 %. Estas soluciones, empleadas como se describirá a continuación, cumplen los cuatros objetivos ya mencionados y son aplicados por un gran número de endodoncistas. No obstante, poco a poco se han ido sustituyendo por el empleo de suero fisiológico o, simplemente, por agua destilada, que cumplen cabalmente con el primer objetivo, son bien tolerados y rara vez se producen complicaciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BIBILOGRAFIA

 

 

 

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